A4, reabasteciéndose en el aire.

Teniente Gómez

Su relato.

"Así atacamos en Bahía Agradable"

Fotografía del año 1983. 

Fuente: Tiempo Argentino 

                        Por más años que pasen y por más aviones que vuele, jamás podré olvidarme del A4. Llega un momento en que se mira el avión y parece que el avión hablara, tal el grado de compenetración hombre-máquina. A tal punto que en un ataque, y esto lo hemos conversado con otros pilotos, uno no se da cuenta que está arriba de un avión. Es simplemente, como si uno mismo estuviera volando. Algo, esto, que sólo quien ha piloteado puede llegar a entender.

                    Se habían detectado dos buques grandes ingleses en bahía Agradable y designaron a  ocho aviones para esa misión. Yo me había quedado sin escuadrilla porque de la nuestra habían derribado a siete aviones, solo habíamos vuelto dos. Y nos pusieron en otra escuadrilla.

                    De los ocho aviones designados despegamos siete y hasta el lugar donde estaban los KC-130, en donde hicimos el reabastecimiento, todo fue normal. Abastecimos los tanques a "full" pero dos aviones no pudieron hacerlo y debieron volver. Eran nuestros dos jefes de escuadrilla, por lo tanto tomó el mando el más antiguo, el Teniente 1º Cachón.

                   Nos ordenó que los dos numerales de la escuadrilla Mastín pasáramos a su derecha y los otros dos de la escuadrilla Dogo, a su izquierda. Hicimos así una formación cómoda, chequeando los equipos hasta la zona de descenso. Pasamos la bahía de San Felipe y al sur cruzamos el estrecho de San Carlos. Había llovizna y gran nubosidad, y cerramos la formación adoptando otra más en línea.  

                  Entramos en dirección sur-norte y encontramos dos helicópteros ingleses, pero los dejamos pasar para no distraernos de nuestra misión. El jefe de la escuadrilla dijo que si los encontrábamos a la vuelta los íbamos a agarrar. En esos momentos ya teníamos todo el armamento armado y sólo había que esperar una milésima de segundo, apretar el botoncito y caerían las tres bombas de 250 kilos.  

                  Los barcos estaban en una posición muy escondida, no los podíamos ver y el jefe de la escuadrilla nos dijo que si no aparecían enseguida tendríamos que volver por el problema del combustible. Yo, que era el último de la formación de línea, levanté un poquito mi avión - estábamos volando rasante - y entonces los alcancé a ver ahí nomás.  Yo había cometido un error al levantar mi avión, por lo que volví a pegarme al piso esperando en cualquier momento el cohetázo. Yo era el último avión de la escuadrilla, pero con la velocidad que tuve que poner, pasé al de adelante mío y casi paso al tercero. Ya nos estaban tirando con artillería liviana y en ese momento enfrentamos a los dos barcos. estaban uno paralelo al otro con las proas encontradas. Una de las bombas del numeral 1 le pegó al primero de los barcos. Navegábamos muy al ras del agua y las bombas caían haciendo patitos. La mayoría de las bombas cayeron en ese barco y el despelote fue infernal.  

                Yo todavía no había tirado mis bombas y el teniente Gálvez me dice: "Ponga viraje por izquierda, vamos a darle por atrás". Hacer eso era una locura, pero él me dio la orden y yo la cumplí. Me dice: "Vamos al de atrás". Sin embargo todo esto me lo decía porque había visto que las bombas habían dado de lleno en el otro barco. Apuntamos los dos al barco de atrás y le entramos por el otro lado. Después de tirar las bombas levanté el avión. En esa maniobra hay que estar muy atento para no tragarse ni el barco ni el agua. Lo que alcancé a ver fue impresionante, todo llamas y humo negro y explosiones por todos lados.

                Los cinco aviones escapamos por el sur y pudimos llegar sin novedad a Río gallegos. Después supimos que los dos barcos que habíamos atacado con tanto éxito eran el "Sir Galahad" y el "Sir Tristam", de cinco mis seiscientas toneladas cada uno, que transportaban 700 hombres de tropa. 

               Al margen de las misiones, hubo muchas cosas que día a día nos ayudaban a mantener en alto esta moral de la Fuerza Aérea. Cosas que realmente dan fuerzas increíbles. Cuando uno veía a sus jefes treparse a los aviones con una fuerza y un coraje únicos, no podía menos que salir al aire inflado de valor. Éramos entonces verdaderos Halcones. 

                En una de las misiones que tuvimos que realizar íbamos cargados con bombas y nos cruzamos muy cerca con el avión del Capitán García Cuerva, que regresaba de una misión. Nuestros tres aviones fueron interceptados de pronto por dos Harrier, y la cosa realmente se nos ponía desesperante. Sólo teníamos los cañones y con eso no podíamos ni soñar con hacerles frente. Analizábamos la situación que era realmente muy difícil, cuando de pronto sentimos por radio la voz del capitán García Cuerva: "No se preocupen muchachos. Ustedes sigan tranquilos que yo los estoy siguiendo". ¡Había dado la vuelta para venir en nuestra ayuda!

La silueta amenazante de un Harrier Británico,

 Avión de elevación vertical.

Amenaza permanente para nuestros A4.

                Nos sacó los Sea Harrier de la cola, quienes probablemente habían visto en sus radares la presencia de su Mirage, que sí estaba preparado para combatirlos en el aire. Cuando llegamos, al término de nuestra misión, nos encontramos almorzando y le dimos un gran abrazo. Nos había salvado la vida. Esa tarde, el Capitán García Cuerva salió en otra misión. Esa fue su última misión. Jamás regresó.

Y los libres del mundo responden: Al gran pueblo Argentino ¡Salud! 

El Capitán García Cuerva, abordando su Mirage. Con el cual hizo derroche de

 

 generosidad y coraje. Un héroe, entre los héroes.

 

Que sus hijos sepan del agradecimiento y la admiración

 

de los hombres de bien de su patria.

  Mirage III,

 Cazas interceptores.

 -Estos-

encargados

de la custodia

de Buenos Aires.